La vista y el oído son los dos sentidos que más condicionan el día a día a partir de los 65 años. La salud visual y auditiva no solo decide si puedes leer el prospecto de un medicamento, conducir con seguridad o seguir una conversación en una comida familiar: también influye en el riesgo de caídas, en el estado de ánimo e incluso en la memoria. Y, sin embargo, suelen ser las grandes olvidadas de las revisiones médicas.
En esta guía práctica te contamos, con lenguaje claro, cuáles son los problemas de vista y oído más frecuentes después de los 65 (cataratas, presbicia, DMAE, glaucoma y pérdida de audición), qué revisiones conviene hacerse a cada edad, qué cubre la sanidad pública según la cartera de servicios publicada en el BOE y qué puedes hacer tú, desde hoy mismo, para conservar la salud de ambos sentidos el mayor tiempo posible.
Tabla de contenidos
Salud visual auditiva en mayores de 65: por qué importa tanto
Los números hablan por sí solos. Más de la mitad de las personas mayores de 65 años presenta algún grado de catarata, y en España se realizan más de 400.000 operaciones de cataratas al año: es la intervención quirúrgica más frecuente de la sanidad pública, según los datos del Ministerio de Sanidad.
Con el oído ocurre algo parecido. La Organización Mundial de la Salud estima que una de cada tres personas mayores de 65 años tiene una pérdida de audición significativa, y la proporción supera la mitad a partir de los 75. La mayoría tarda entre 7 y 10 años en ponerse un audífono desde que nota los primeros síntomas.
El problema es que la salud visual y la salud auditiva se deterioran de forma gradual. Uno se acostumbra a subir el volumen de la televisión, a leer con más luz o a evitar conducir de noche, y lo asume como algo normal “de la edad”. Esa normalización es peligrosa, porque la vista y el oído trabajan juntos en funciones esenciales:
- Equilibrio y orientación: caminar por la calle, bajar escaleras o moverse por casa de noche depende de ver bien y de oír lo que ocurre alrededor.
- Vida social: quien no sigue las conversaciones acaba retirándose de ellas, y el aislamiento abre la puerta a la depresión.
- Memoria y agudeza mental: el cerebro que recibe menos estímulos visuales y sonoros trabaja menos, y eso acelera el deterioro cognitivo.
- Autonomía: conducir, cocinar, gestionar la medicación o hacer trámites requiere ver y oír con suficiente precisión.
La buena noticia: casi todos estos problemas de salud tienen solución o freno si se detectan a tiempo. Vamos por partes.
Salud visual: los cuatro problemas más frecuentes a partir de los 65
Cuatro diagnósticos concentran la mayor parte de los problemas de salud visual en esta etapa de la vida. Conviene saber reconocerlos, porque el tratamiento y la urgencia son muy distintos en cada caso.
Cataratas: la operación más común (y más agradecida)
La catarata es la pérdida de transparencia del cristalino, la lente natural del ojo. Los síntomas típicos son visión borrosa o “como a través de un cristal empañado”, deslumbramientos al conducir de noche, colores apagados y necesidad de cambiar de gafas con frecuencia.
La solución es quirúrgica y muy eficaz: se sustituye el cristalino opaco por una lente intraocular. Es una intervención ambulatoria de unos 15-20 minutos, con anestesia local, y la mejoría suele notarse en pocos días. La cubre íntegramente la sanidad pública, aunque las listas de espera varían según la comunidad autónoma.
¿Cuándo operarse? Ya no hace falta esperar a que la catarata “madure”. El criterio actual es operar cuando la pérdida de visión limita tu vida diaria: si has dejado de conducir, de leer o de coser por la vista, es momento de pedir cita.
Presbicia: la vista cansada que llega para quedarse
La presbicia aparece a partir de los 40-45 años y suele estabilizarse en torno a los 60-65. Es la dificultad para enfocar de cerca: los brazos “se quedan cortos” para leer. No es un problema de salud grave y se corrige perfectamente con gafas de cerca, progresivas o lentes intraoculares multifocales si te operas de cataratas.
Un aviso importante: las gafas no las financia la sanidad pública, así que conviene comparar precios y desconfiar de graduaciones hechas con prisas. Una progresiva mal ajustada, además de incómoda, aumenta el riesgo de tropiezos en las escaleras.
DMAE: la degeneración macular, una urgencia que no puede esperar
La degeneración macular asociada a la edad (DMAE) daña la mácula, la zona de la retina responsable de la visión central. Es la primera causa de pérdida grave de visión en mayores de 65 años en los países desarrollados y afecta a unas 700.000 personas en España.
Hay dos tipos. La DMAE seca, la más común, avanza despacio. La DMAE húmeda avanza en semanas y requiere tratamiento urgente con inyecciones intravítreas, que sí cubre la sanidad pública y que frenan la enfermedad en la mayoría de los casos si se aplican a tiempo.
La señal de alarma clave: ver las líneas rectas torcidas u onduladas (el marco de una puerta, los azulejos, las líneas de un cuaderno). Si te ocurre, pide cita urgente con el oftalmólogo esa misma semana. Puedes autovigilarte en casa con la rejilla de Amsler, una cuadrícula que tu oftalmólogo puede facilitarte.
Glaucoma: el ladrón silencioso de la visión
El glaucoma daña el nervio óptico, casi siempre por una presión intraocular elevada. Se calcula que en España lo padece cerca de un millón de personas y que la mitad no lo sabe, porque no da síntomas hasta fases avanzadas: se pierde primero la visión periférica, y el cerebro lo disimula.
El daño del glaucoma es irreversible, pero se frena con colirios diarios o, en algunos casos, con láser o cirugía. Por eso la única defensa real para tu salud visual es la detección precoz: una medición de la presión ocular (tonometría) y un fondo de ojo periódicos a partir de los 55-60 años, sobre todo si hay antecedentes familiares.
Salud auditiva: presbiacusia y audífonos, lo que debes saber
La pérdida de audición por la edad se llama presbiacusia y es tan frecuente como las canas: empieza por los tonos agudos, que son precisamente los de muchas consonantes. Por eso la queja típica no es “no oigo”, sino “oigo, pero no entiendo”, especialmente cuando hay ruido de fondo o hablan varias personas a la vez.
Señales de que tu salud auditiva necesita una audiometría:
- Subes el volumen de la televisión más que el resto de la familia.
- Pides que te repitan las cosas, sobre todo por teléfono.
- Te cuesta seguir conversaciones en bares, reuniones o comidas familiares.
- Notas pitidos o zumbidos (acúfenos) de forma habitual.
- Tus familiares te lo dicen. Este es el aviso más fiable: quien pierde audición suele ser el último en darse cuenta.
La audiometría es una prueba sencilla e indolora. Puedes pedirla en tu centro de salud, que te derivará al otorrinolaringólogo por la sanidad pública, o hacerla gratis en la mayoría de centros auditivos (teniendo en cuenta que estos últimos querrán venderte un audífono).
Audífonos: cuanto antes, mejor
Aquí hay un dato que cambia la manera de ver el asunto: el cerebro “desaprende” a interpretar los sonidos que lleva años sin recibir. Cuanto más se tarda en poner un audífono, más cuesta adaptarse a él y peor resultado da. Esperar no ahorra dinero: resta rendimiento.
Además, el informe de la comisión de expertos de The Lancet sobre demencia sitúa la pérdida de audición no tratada entre los principales factores de riesgo modificables de deterioro cognitivo. Cuidar la salud auditiva no es una cuestión estética: es proteger el cerebro.
Consejos prácticos para elegir audífono:
Revisiones recomendadas por edad: tu calendario de salud visual y auditiva
Esta es la parte más práctica de la guía. Apunta este calendario de salud orientativo y coméntalo con tu médico de cabecera, que lo ajustará a tu caso:
De 55 a 65 años
- Revisión ocular completa cada 2 años: graduación, presión intraocular y fondo de ojo.
- Una audiometría de referencia en torno a los 60 años, aunque creas que oyes bien.
- Si tienes diabetes: fondo de ojo cada año sin excepción, por el riesgo de retinopatía diabética.
De 65 a 75 años
- Revisión ocular completa cada año.
- Audiometría cada 1 o 2 años, o antes si notas cambios.
- Revisión de la graduación de las gafas cada vez que notes que “ya no ves como antes”.
A partir de 75 años
- Revisión ocular y audiometría anuales.
- Revisión de los audífonos y limpieza de moldes cada 6 meses si ya los usas.
Señales que no pueden esperar al calendario (acude a urgencias o pide cita preferente):
- Pérdida brusca de visión en un ojo, aunque no duela.
- Una “cortina negra” que avanza en el campo visual, o lluvia de moscas volantes con destellos (posible desprendimiento de retina).
- Líneas rectas que se ven torcidas de un día para otro (posible DMAE húmeda).
- Sordera súbita de un oído: tratada en las primeras 72 horas tiene muchas más posibilidades de recuperarse.
- Dolor ocular intenso con ojo rojo y visión de halos (posible glaucoma agudo).
Qué cubre la sanidad pública y qué tendrás que pagar de tu bolsillo
La cartera de servicios comunes del Sistema Nacional de Salud, regulada por el Real Decreto 1030/2006 publicado en el BOE, marca lo que la sanidad pública cubre en toda España. En materia de salud visual y auditiva, el reparto es el siguiente.
Lo que sí cubre la sanidad pública:
- Consultas de oftalmología y otorrinolaringología, con derivación desde tu centro de salud.
- La operación de cataratas, incluida la lente intraocular estándar.
- El tratamiento del glaucoma: colirios (con la aportación farmacéutica reducida de los pensionistas), láser y cirugía.
- Las inyecciones intravítreas para la DMAE húmeda.
- Audiometrías y pruebas diagnósticas del oído.
- La extracción de tapones de cera en el centro de salud.
Lo que no cubre (con carácter general):
- Las gafas y las lentillas, a cualquier edad.
- Los audífonos a partir de los 26 años: la financiación pública de la prestación audioprotésica se amplió hace unos años hasta esa edad, pero las personas mayores siguen quedando fuera y deben asumir el coste íntegro.
- Las lentes intraoculares “premium” (multifocales) si quieres eliminar también la dependencia de las gafas al operarte de cataratas.
Dos apuntes útiles. Primero: algunas comunidades autónomas y ayuntamientos ofrecen ayudas puntuales para gafas o audífonos a pensionistas con rentas bajas; pregunta al trabajador social de tu centro de salud. Segundo: si eres mutualista (MUFACE, ISFAS, MUGEJU), tu mutua sí incluye ayudas parciales para prótesis oculares y auditivas.
Y una reflexión económica que conviene no esquivar: con una pensión media de jubilación en torno a los 1.500 euros mensuales, según los datos que publica la Seguridad Social, un par de audífonos puede suponer dos o tres mensualidades completas. Por eso es un gasto que merece la pena prever con antelación al calcular tu pensión y planificar el presupuesto de los primeros años de retiro. Recuerda también revisar si tu comunidad autónoma ofrece deducciones por gastos sanitarios, algo que explicamos en nuestra guía sobre impuestos y jubilación en el IRPF.
Si todavía estás en activo y te acercas al retiro, aprovecha los reconocimientos médicos de tu empresa para hacerte audiometrías y revisiones de vista gratuitas mientras puedas, y consulta de paso la edad de jubilación y los requisitos que se piden para llegar con los deberes hechos.
Caídas y aislamiento: las consecuencias ocultas de no tratar la vista y el oído
Cuando se habla de vista y oído se piensa en gafas y audífonos, pero las consecuencias de descuidar la salud visual y auditiva van mucho más allá.
Las caídas. Son la primera causa de lesión grave en las personas mayores, y la vista deficiente multiplica el riesgo: mala percepción de la profundidad en escaleras y bordillos, deslumbramientos, zonas oscuras. Menos conocido es el papel del oído: estudios de la Universidad Johns Hopkins han observado que incluso una pérdida auditiva leve casi triplica el riesgo de caída, porque el oído interno participa directamente en el equilibrio y porque el cerebro, ocupado en descifrar sonidos, dedica menos recursos a la estabilidad.
Medidas concretas para reducir las caídas en casa:
- Buena iluminación en pasillos y escaleras, con interruptores accesibles y luces de noche en el camino al baño.
- Retirar alfombras sueltas y cables del suelo.
- Cuidado especial con las gafas progresivas en las escaleras: la zona de cerca del cristal distorsiona los escalones. Muchos especialistas recomiendan bajar mirando por la parte superior de la lente.
- No caminar por casa con las gafas de cerca puestas.
El aislamiento. Quien no oye bien empieza a evitar las llamadas de teléfono, luego las reuniones grandes, luego las pequeñas. Ese repliegue progresivo, tan silencioso como el propio problema de oído, es una de las puertas de entrada a la soledad no deseada y a la depresión en la vejez. La salud auditiva es, literalmente, salud social.
El deterioro cognitivo. Ya lo hemos mencionado: menos estímulos, menos conversaciones y más aislamiento forman un cóctel que acelera el declive de la memoria. La parte esperanzadora es que también funciona al revés: corregir la vista y el oído devuelve estímulos al cerebro y mejora de forma medible la calidad de vida.
Hábitos diarios que protegen tu vista y tu oído
Además de las revisiones, hay mucho que puedes hacer por tu salud visual y auditiva en la rutina diaria. Nada de esto sustituye al médico, pero todo suma:
- Gafas de sol con filtro UV homologado todo el año, no solo en verano. La radiación ultravioleta acelera las cataratas y la DMAE. Un sombrero o una gorra añaden protección.
- No fumar. El tabaco multiplica por dos el riesgo de DMAE y empeora el glaucoma. Dejarlo beneficia a la salud ocular a cualquier edad.
- Cuida la alimentación: verduras de hoja verde (espinacas, acelgas), pescado azul dos veces por semana, frutas de colores intensos y frutos secos aportan luteína, zeaxantina y omega-3, nutrientes asociados a una retina en mejor estado.
- Controla la diabetes, la tensión y el colesterol. Los tres dañan los vasos sanguíneos de la retina y del oído interno. Las revisiones de tu médico de cabecera también son revisiones de salud visual y auditiva, aunque no lo parezcan.
- Regla 20-20-20 con las pantallas: cada 20 minutos de móvil o tableta, aparta la vista 20 segundos hacia algo situado a unos 6 metros. Alivia la fatiga visual y la sequedad ocular.
- Volumen moderado con los auriculares: como orientación, no superar el 60 % del volumen máximo ni usarlos más de 60 minutos seguidos.
- Nada de bastoncillos en el oído. Empujan la cera hacia dentro y pueden dañar el tímpano. Si notas taponamiento, acude a tu centro de salud a que lo extraigan.
- Muévete y socializa. El ejercicio regular mejora el riego sanguíneo de ojos y oídos, y la vida social mantiene en marcha la audición y el cerebro. Un paseo diario con conversación es medicina barata.
Conclusión
Cuidar la salud visual y auditiva a partir de los 65 no exige grandes sacrificios: exige constancia. Una revisión ocular al año, una audiometría cada uno o dos años, atención a las señales de alarma (líneas torcidas, cortinas negras, sordera súbita) y ponerse el audífono cuando toca, sin dejar pasar años. Recuerda que la sanidad pública cubre casi todo el diagnóstico y buena parte del tratamiento, pero que las gafas y los audífonos saldrán de tu bolsillo, así que inclúyelos en tu presupuesto de jubilación como lo que son: una inversión en salud, autonomía y vida social. Pide hoy mismo esa cita que llevas tiempo aplazando; tu yo de dentro de diez años te lo agradecerá.
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