En España hay más de 180.000 personas que cada año llegan a la edad legal de jubilación y deciden seguir trabajando. No siempre por vocación ni por necesidad económica inmediata, sino porque alguien les ha dicho que esperar un poco más incrementa la pensión. Lo que nadie suele explicarles con la misma claridad es cuánto hay que esperar para que ese incremento recupere lo que se deja de cobrar mientras tanto. La jubilación demorada tiene incentivos reales, bien definidos en la ley, pero el cálculo que determina si compensa o no depende de variables que la mayoría no considera hasta que es tarde para rectificar.
En resumen
La jubilación demorada permite incrementar la pensión un 4 % por cada año completo de retraso respecto a la edad ordinaria (66 años y 10 meses en 2026, 67 en 2027). Existen tres modalidades: porcentaje adicional, pago único o combinación. El punto de equilibrio financiero se sitúa en torno a los 25 años de cobro, lo que implica alcanzar los 92 años para recuperar el primer año sacrificado. La opción compensa principalmente a quienes también mejoran su base reguladora al continuar trabajando o a quienes optan por la cantidad a tanto alzado.
Tabla de contenidos
Qué significa exactamente retrasar la jubilación de forma voluntaria
La jubilación demorada no es una modalidad especial ni un régimen distinto: es simplemente la decisión de seguir trabajando y cotizando una vez superada la edad ordinaria de jubilación, sin solicitar la prestación. La Seguridad Social la contempla en el artículo 210 de la Ley General de la Seguridad Social y reconoce que quien renuncia voluntariamente a cobrar durante uno o más años merece un incentivo que compense ese sacrificio.
La distinción respecto a otras modalidades importa. Un trabajador que todavía no ha alcanzado la edad ordinaria y sigue empleado no está en situación de jubilación demorada: simplemente aún no tiene derecho a jubilarse por edad. La jubilación demorada empieza exactamente cuando el reloj marca la edad legal y el trabajador decide conscientemente no pedir la pensión. A partir de ese momento, cada mes que pasa sin solicitar la prestación acumula un beneficio futuro.
En 2026, la edad ordinaria es de 66 años y 10 meses para quienes no acrediten al menos 38 años y 6 meses de cotización, y de 65 años para quienes sí los tengan. En 2027 se completará la transición y la edad ordinaria quedará fijada en 67 años (o 65 con la cotización suficiente). Estos son los puntos de partida desde los que se contabiliza cualquier retraso voluntario.
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Los incentivos vigentes: qué ofrece el sistema por cada año de espera
El legislador diseñó tres opciones para remunerar la jubilación demorada. Que existan tres caminos no significa que los tres tengan la misma utilidad para todos los perfiles. La elección correcta depende de la esperanza de vida, del estado de salud, del nivel de renta y de si el año extra de trabajo también mejora la base de cálculo de la pensión.
Opción A: porcentaje adicional sobre la pensión
Por cada año completo de retraso, la pensión calculada a la edad ordinaria se incrementa en un 4 %. Si el retraso es de dos años, el incremento acumulado es del 8 %; si son tres años, del 12 %, y así sucesivamente. No existe un límite máximo de años de retraso en la norma, aunque la pensión resultante no puede superar el tope máximo establecido para cada ejercicio.
Este porcentaje se aplica sobre la pensión teórica que habría correspondido en la fecha de la edad ordinaria, no sobre la pensión que resultaría de continuar cotizando. Dicho de otro modo: si un año adicional de cotización también mejora la base reguladora o completa un tramo de años que aporta más porcentaje de pensión, ese efecto se suma al 4 % pero es independiente de él.
Opción B: cantidad a tanto alzado
En lugar del porcentaje mensual vitalicio, el trabajador puede solicitar un único pago en el momento de jubilarse. El importe se calcula con tablas actuariales aprobadas por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, que tienen en cuenta la edad de jubilación, la esperanza de vida estadística y el incremento mensual que hubiera correspondido con la opción A.
Esta modalidad resulta más atractiva para quienes tienen razones objetivas para pensar que su esperanza de vida es inferior a la media estadística, o para quienes prefieren la certeza de un ingreso inmediato frente a la incertidumbre de un diferencial mensual que solo se recupera con el paso de los años. También puede ser interesante desde el punto de vista fiscal si se cumplen los requisitos para aplicar la reducción del 30 % por rendimiento irregular en el IRPF.
Opción C: combinación de porcentaje y pago único
La tercera vía combina ambas: se recibe el equivalente al 50 % de la cantidad a tanto alzado en un pago único y, adicionalmente, la pensión queda incrementada en un 2 % anual por cada año de retraso (en lugar del 4 % completo). Es una solución intermedia para quienes quieren liquidez inmediata pero también desean una mejora permanente en la cuantía mensual.
| Opción | Incremento mensual por año | Pago único | Mejor para |
|---|---|---|---|
| A — Porcentaje adicional | +4 % sobre pensión base | No | Buena salud y larga esperanza de vida |
| B — Cantidad a tanto alzado | Sin incremento mensual | Sí, calculado actuarialmente | Esperanza de vida reducida o preferencia de liquidez |
| C — Combinación | +2 % sobre pensión base | Sí, equivale al 50 % de la opción B | Equilibrio entre seguridad y liquidez |
Cómo evoluciona la edad de jubilación ordinaria hasta 2027
Entender el punto de partida del incentivo requiere tener clara la tabla de transición de edades. Muchos trabajadores cercanos a la jubilación calculan mal su situación porque aplican la edad de 65 años sin comprobar si cumplen los años de cotización necesarios para ello, o porque ignoran que la edad ordinaria sigue subiendo hasta 2027.
| Año | Edad ordinaria (cotización general) | Edad con cotización suficiente | Cotización mínima para la edad reducida |
|---|---|---|---|
| 2024 | 66 años y 6 meses | 65 años | 38 años cotizados |
| 2025 | 66 años y 8 meses | 65 años | 38 años y 3 meses cotizados |
| 2026 | 66 años y 10 meses | 65 años | 38 años y 6 meses cotizados |
| 2027 en adelante | 67 años | 65 años | 38 años y 6 meses cotizados |
Quien cumple 66 años y 10 meses en 2026 y tiene 38 años y 6 meses cotizados puede jubilarse ya a los 65. Si ese mismo trabajador lleva solo 35 años cotizados, deberá esperar a los 66 años y 10 meses. En ambos casos, si decide continuar más allá de esa fecha legal, entra en territorio de jubilación demorada.
El corazón del problema: el punto de equilibrio financiero
La pregunta que debería presidir cualquier análisis de jubilación demorada no es cuánto sube la pensión, sino cuánto tiempo hay que vivir para recuperar lo que se deja de cobrar mientras se espera. Esta es la aritmética que el sistema no explica en los folletos y que, al hacerse explícita, a menudo sorprende a quienes esperaban una respuesta más optimista.
Imaginemos un trabajador con una pensión teórica de 1.500 euros brutos mensuales. Si retrasa un año la jubilación, obtiene un incremento del 4 %:
- Incremento mensual: 1.500 × 0,04 = 60 euros brutos al mes.
- Mensualidades sacrificadas durante el año de retraso: 14 (12 ordinarias + 2 pagas extraordinarias).
- Importe total sacrificado: 1.500 × 14 = 21.000 euros brutos.
- Incremento anual obtenido: 60 × 14 = 840 euros brutos más al año.
- Años necesarios para recuperar lo sacrificado: 21.000 / 840 = 25 años.
Veinticinco años. Si ese trabajador se jubila a los 67, necesita vivir hasta los 92 para que la opción del porcentaje resulte financieramente equivalente a haberse jubilado a los 66. La esperanza de vida en España a los 67 años es de aproximadamente 19,5 años adicionales para los hombres y 22,5 para las mujeres, según los últimos datos del INE. En términos estadísticos, la mayoría no alcanza el punto de equilibrio.
Esto no significa que la jubilación demorada sea siempre una mala decisión. Significa que la decisión debe tomarse con los ojos abiertos, sabiendo que el beneficio económico en valor absoluto puede ser inferior a lo que la frase «el 4 % más de pensión» sugiere intuitivamente.
Paso a paso: cómo calcular si la jubilación demorada te compensa
El cálculo no requiere conocimientos financieros avanzados, pero sí cierto orden. Estos pasos permiten construir una estimación útil para la mayoría de las situaciones.
Paso 1. Obtener la pensión teórica a la edad ordinaria
El punto de partida es conocer qué pensión reconocería la Seguridad Social en el momento en que se alcanza la edad legal. Para ello es necesario conocer la base reguladora (la media de las bases de cotización de los últimos 25 años, actualizada con el IPC) y el porcentaje aplicable por años cotizados. Con 36 años y 6 meses o más de cotización, el porcentaje es del 100 %. Con menos años, es inferior. La guía sobre cómo se calcula la pensión desarrolla este procedimiento con ejemplos numéricos detallados.
Paso 2. Calcular el incremento por retraso
Con la pensión teórica calculada, aplicar el 4 % por año de retraso es sencillo. Si se contemplan dos años de retraso, el incremento acumulado es el 8 %; tres años, el 12 %. Conviene hacer el cálculo separado para cada año adicional, porque el segundo año de retraso ofrece el mismo porcentaje pero los meses sacrificados se acumulan.
Paso 3. Valorar si el año extra de trabajo mejora la base reguladora
Este es el factor que la mayoría omite y que puede cambiar el resultado completamente. Si el trabajador está en sus mejores años de salario y sus cotizaciones actuales son superiores a la media de los últimos 25 años que forman la base reguladora, cada mes adicional de trabajo no solo acumula el 4 % de bonus sino que también eleva la base sobre la que se aplica ese porcentaje. En este caso, el beneficio real de la jubilación demorada es mayor que el simple 4 % nominal. Para comprender cómo funciona la base reguladora con un ejemplo concreto, el artículo sobre la base reguladora con ejemplo práctico ofrece una buena referencia.
Paso 4. Calcular el coste real del retraso
El coste es la suma de todas las mensualidades (14 al año) que se dejan de cobrar durante el periodo de retraso. Si la pensión teórica es de 1.800 euros y se retrasa un año, el coste es 1.800 × 14 = 25.200 euros. Si se retrasa dos años, 50.400 euros. Este importe es el capital que hay que «amortizar» con el incremento obtenido.
Paso 5. Calcular el punto de equilibrio
Se divide el coste total del retraso entre el incremento mensual obtenido y se expresa en meses. Si el coste es 25.200 euros y el incremento es 72 euros al mes (4 % de 1.800), el punto de equilibrio es 25.200 / 72 = 350 meses, es decir, aproximadamente 29 años. Un trabajador que se jubila a los 67 necesitaría llegar a los 96 para amortizar ese retraso. Las cifras cambian con cada caso concreto, pero el orden de magnitud rara vez sorprende positivamente.
Paso 6. Comparar con la opción de la cantidad a tanto alzado
Si el punto de equilibrio de la opción porcentual supera los 20-22 años desde la jubilación, la cantidad a tanto alzado merece una valoración seria. El trabajador recibe ese importe de una vez, puede invertirlo o utilizarlo sin depender de cuántos años viva, y la pensión que cobra es la pensión base sin incremento. En términos de valor esperado ajustado al riesgo, muchos perfiles salen mejor parados con la opción B que con la A.
Casos reales: cuando la jubilación demorada funciona y cuando defrauda
Caso A: el ingeniero que llega al tramo final con salario alto
Una ingeniera de 66 años que ha cotizado durante 35 años tiene una base reguladora de 2.200 euros. En los últimos tres años ha ascendido y sus bases de cotización son de 3.800 euros mensuales, muy por encima de la media de los 25 años. Si retrasa la jubilación un año, ocurren dos cosas a la vez: el año con base de cotización alta reemplaza al año más bajo de los 25 que forman la base reguladora (mejorando directamente la base), y además acumula el 4 % de bonus. El incremento real supera con holgura el 4 % nominal. En este caso, la jubilación demorada tiene sentido incluso con un punto de equilibrio lejano, porque el importe de partida es mayor.
Caso B: el empleado administrativo cerca del techo
Un administrativo con 42 años cotizados y una pensión teórica de 2.950 euros se encuentra a 317 euros de la pensión máxima de 2025 (3.267 euros). Si retrasa un año, el 4 % sobre 2.950 euros son 118 euros adicionales. Pero si esa cuantía supera la pensión máxima, el incremento queda truncado. El incentivo real no es el 4 % sino la diferencia entre su pensión actual y el tope: 317 euros mensuales como máximo, y solo si el incremento calculado llega hasta ahí. En la práctica, el bonus es menor de lo esperado y el punto de equilibrio se alarga aún más.
Caso C: la trabajadora con salud incierta que elige la cantidad a tanto alzado
Una trabajadora de 67 años con una pensión teórica de 1.600 euros que ha retrasado su jubilación 18 meses tiene derecho a un incentivo equivalente al porcentaje completo de un año y medio. Si opta por la cantidad a tanto alzado, puede recibir un importe calculado sobre su esperanza de vida estadística. Si su estado de salud hace prever una vida más corta que la media, la suma recibida de una vez puede superar en valor presente lo que hubiera cobrado como incremento mensual. El sistema prevé exactamente esta situación y por eso ofrece la opción B como alternativa real, no como anécdota.
El techo que nadie menciona: la pensión máxima como límite invisible
La pensión máxima actúa como un techo que neutraliza parcial o totalmente el incentivo de la jubilación demorada para los trabajadores con carreras laborales más sólidas. En 2025, ese límite se sitúa en 3.267,60 euros brutos mensuales (en 14 pagas). Quien percibe una pensión teórica de 3.100 euros solo puede incrementarla en 167 euros antes de topar con el máximo. El 4 % de 3.100 son 124 euros, así que en este caso concreto el trabajador sí puede beneficiarse del porcentaje completo. Pero si la pensión teórica es 3.200 euros, solo tiene 67,60 euros de margen real.
Este efecto es especialmente relevante para quienes han tenido carreras largas con salarios altos. Paradójicamente, son precisamente las personas que más interés podrían tener en maximizar la pensión quienes encuentran el techo más cerca. El sistema incentiva el retraso pero lo hace con una eficacia decreciente cuanto más alta es la pensión base.
La pensión máxima se revaloriza cada año con el IPC, igual que el resto de pensiones. Pero en los años de inflación elevada, el techo sube mientras los salarios también suben, de modo que la distancia real entre la pensión teórica y el máximo no siempre crece de forma predecible.
El efecto de seguir cotizando: más allá del 4 %
Un aspecto que los análisis superficiales de la jubilación demorada frecuentemente omiten es que el año adicional de trabajo no solo genera el bonus del 4 %, sino que también modifica la propia base sobre la que se calcula la pensión. Este efecto puede ser positivo o negativo dependiendo de la trayectoria salarial del trabajador.
La base reguladora es el promedio de las cotizaciones de los últimos 25 años. Si las bases de los años más recientes son superiores a las que entran a reemplazarse en el período de cálculo, la base reguladora sube. Si son inferiores (por ejemplo, si la persona trabaja a tiempo parcial en sus últimos años o cotiza por bases reducidas), la base reguladora puede bajar ligeramente al incorporar ese año.
El efecto sobre el porcentaje por años cotizados es más predecible: con 36 años y 6 meses o más se alcanza el 100 % de la base reguladora. Quien ya está en ese porcentaje no mejora nada por ese concepto con años adicionales de cotización (aunque sí acumula el bonus del 4 %). Quien está justo por debajo de ese umbral puede beneficiarse adicionalmente de cada mes extra trabajado.
| Años cotizados | Porcentaje aplicable |
|---|---|
| 15 años | 50 % |
| 20 años | Aprox. 60 % |
| 25 años | Aprox. 71 % |
| 30 años | Aprox. 82 % |
| 35 años | Aprox. 92 % |
| 36 años y 6 meses | 100 % |
| Más de 36,5 años | 100 % (el porcentaje no sube más) |
Quien tiene 35 años cotizados al llegar a la edad ordinaria y decide demorar la jubilación 18 meses adicionales consigue dos cosas a la vez: llega al 100 % de la base reguladora por años cotizados, y acumula el incremento por el año y medio de retraso voluntario. En este perfil concreto, la jubilación demorada puede ser genuinamente ventajosa incluso en el análisis financiero estricto.
Aspectos fiscales que cambian al cobrar una pensión más alta
Una pensión incrementada por jubilación demorada tributa exactamente igual que cualquier otra pensión: como rendimiento del trabajo en el IRPF. La consecuencia directa es que un incremento bruto del 4 % no se traduce en un incremento neto del 4 %. Si el tipo marginal efectivo aplicable es del 24 %, el incremento neto real es del 3,04 %. Si el tipo marginal es del 30 %, el incremento neto baja al 2,8 %.
Esto no invalida la decisión de demorar la jubilación, pero obliga a hacer los cálculos en términos netos. El coste del retraso (las mensualidades no cobradas) también se calcula en términos brutos, de modo que la distorsión fiscal afecta a ambos lados de la ecuación. Pero el tipo marginal puede ser asimétrico: si durante el año de trabajo se percibe un salario que sitúa al contribuyente en un tramo más alto del IRPF que la pensión futura, el año adicional de trabajo tiene una carga fiscal mayor que el año de pensión que sustituye. Este efecto penaliza especialmente a quienes tienen rentas laborales elevadas en sus últimos años activos.
La cantidad a tanto alzado merece una mención especial desde el punto de vista fiscal. Si transcurren más de dos años entre el inicio del retraso voluntario y el cobro de la cantidad única, puede aplicarse la reducción del 30 % prevista en la Ley del IRPF para rendimientos irregulares generados en más de dos años. Esta reducción puede mejorar sensiblemente el resultado neto de la opción B respecto a la A para importes elevados.
La variable que los modelos ignoran: el coste real de seguir trabajando
Los análisis financieros de la jubilación demorada suelen ignorar una variable que para muchos trabajadores es la más relevante de todas: el coste personal, en términos de salud, energía y calidad de vida, de seguir trabajando más allá de la edad a la que se tiene derecho a descansar.
No se trata de una consideración sentimental. Un trabajador físico, un profesional con estrés elevado o alguien que atraviesa problemas de salud moderados puede deteriorar sus condiciones de salud durante el año adicional de trabajo de un modo que reduzca precisamente la esperanza de vida que necesita para amortizar el incentivo. El sistema premia la permanencia en el mercado laboral, pero no contempla que esa permanencia tiene un precio diferente para cada persona.
El cálculo honesto de la jubilación demorada debería incluir también esta variable, aunque no sea cuantificable con la misma precisión que los euros. Si el año adicional de trabajo supone un desgaste significativo, el umbral de rentabilidad efectivo es aún más lejano que el que indica la aritmética pura.
Alternativas a la espera completa: jubilación activa y jubilación flexible
Quien quiere seguir aportando valor sin renunciar del todo a la pensión tiene alternativas distintas a la jubilación demorada pura. La jubilación activa permite cobrar el 50 % de la pensión mientras se trabaja por cuenta propia o ajena a jornada completa. La jubilación flexible permite percibir una pensión parcial mientras se trabaja a tiempo parcial, con la cuantía ajustada a la reducción de jornada.
Ninguna de estas opciones genera el mismo incremento a largo plazo que la jubilación demorada, pero tampoco exigen el sacrificio total de los ingresos durante el periodo de transición. Para perfiles con buena salud, motivación profesional y situación económica que no depende en exclusiva de la pensión, estas alternativas pueden ofrecer el mejor equilibrio entre trabajo, ingresos y bienestar.
La guía sobre los incentivos para retrasar la jubilación desarrolla con más detalle las diferencias entre estas figuras y sus condiciones de acceso según el régimen de cotización.
Lo que el sistema tendría que explicar mejor
El diseño de la jubilación demorada responde a un objetivo de política pública evidente: alargar la vida laboral activa para sostener las cuentas del sistema de pensiones. El interés del sistema y el interés del trabajador individual no siempre coinciden. En la mayoría de los casos, un trabajador que llega a los 67 en buenas condiciones con una pensión del 100 % sobre su base reguladora completa y decide esperar un año más está tomando una decisión con un valor esperado negativo en términos puramente financieros, según las tablas de esperanza de vida actuales.
El punto de equilibrio de 25 años no es un accidente de cálculo: es la consecuencia de ofrecer un incentivo que el propio sistema sabe que la mayoría de jubilados no vivirá el tiempo suficiente para amortizar en su totalidad. La cantidad a tanto alzado, diseñada para ser actuarialmente equivalente, incluye en su cálculo esa misma realidad estadística.
Lo que falta en la comunicación pública es precisamente este análisis. Los trabajadores reciben información sobre el 4 % de incremento como si fuera un regalo sin condiciones. La condición, que es la más importante, es el tiempo que hay que vivir para que ese regalo valga lo que costó.
Cuándo la jubilación demorada sí tiene sentido: resumen de condiciones favorables
Tras el análisis, los perfiles para los que la jubilación demorada resulta genuinamente ventajosa comparten algunas características concretas:
- El trabajador aún no ha alcanzado el 100 % de la base reguladora por años cotizados y los meses adicionales le permiten completar ese tramo.
- Su salario actual es significativamente superior a la media de los últimos 25 años, lo que eleva la base reguladora al incorporar esas cotizaciones más altas.
- Tiene buena salud y antecedentes familiares que sugieren longevidad superior a la media.
- Elige la cantidad a tanto alzado y tiene certeza de que no necesitará el diferencial mensual para cubrir gastos corrientes.
- Su pensión teórica está suficientemente por debajo de la pensión máxima como para que el 4 % de incremento se aplique en toda su magnitud.
- El trabajo adicional no supone un deterioro relevante en su calidad de vida o en su estado de salud.
Cuando se cumplen dos o más de estas condiciones simultáneamente, la jubilación demorada merece una evaluación seria. Cuando ninguna se cumple, la pregunta correcta no es cuánto conviene retrasar la jubilación, sino si tiene algún sentido hacerlo.
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Preguntas frecuentes
¿Cuánto aumenta la pensión por retrasar la jubilación un año?
La jubilación demorada ofrece un incremento del 4 % sobre la cuantía de la pensión por cada año completo de retraso respecto a la edad ordinaria. Si la pensión base reconocida a la edad legal es de 1.500 euros mensuales, un año de retraso añade 60 euros brutos adicionales al mes, lo que supone 840 euros brutos más al año.
¿Qué es la cantidad a tanto alzado en la jubilación demorada?
Es un pago único que la Seguridad Social abona en el momento de jubilarse, en sustitución del porcentaje adicional mensual. Su importe se calcula con tablas actuariales aprobadas oficialmente y es proporcional al tiempo de retraso y a la pensión teórica. Se puede solicitar en el trámite de alta de la jubilación y, bajo ciertas condiciones, puede beneficiarse de la reducción del 30 % en el IRPF como rendimiento irregular.
¿Cuántos años hay que vivir para que compense retrasar la jubilación un año?
Con el incentivo estándar del 4 % anual, el punto de equilibrio se sitúa en torno a los 25 años de cobro efectivo de la pensión mejorada. Quien se jubila con un año de retraso a los 67 necesitaría llegar a los 92 años para que la opción del porcentaje adicional le hubiera resultado financieramente más ventajosa que haberse jubilado a los 66. La esperanza de vida media de un hombre español a los 67 es de unos 19,5 años adicionales; la de una mujer, alrededor de 22,5.
¿Puede la pensión demorada superar la pensión máxima?
No. El importe resultante de aplicar el incentivo de jubilación demorada queda limitado por la pensión máxima vigente en el momento del hecho causante, que en 2025 es de 3.267,60 euros mensuales en 14 pagas. Si la pensión teórica más el incremento supera ese techo, el exceso no se reconoce. Quien está cerca del límite máximo obtiene un beneficio real inferior al porcentaje nominal.
¿Qué diferencia hay entre jubilación demorada y jubilación activa?
La jubilación demorada implica seguir trabajando sin cobrar pensión, acumulando un incentivo que se percibirá al jubilarse efectivamente. La jubilación activa permite cobrar el 50 % de la pensión reconocida mientras se mantiene una actividad laboral a jornada completa. Son figuras distintas con lógicas opuestas: la demorada sacrifica ingresos ahora para obtener más pensión después; la activa combina ingresos laborales y pensión parcial desde el primer momento.
¿Se puede elegir la jubilación demorada si ya se tenía derecho a jubilarse anticipadamente?
Sí, pero los incentivos se calculan exclusivamente sobre el retraso respecto a la edad ordinaria, no respecto a la edad de jubilación anticipada a la que pudiera tener derecho el trabajador. Si alguien podía jubilarse anticipadamente a los 63 años pero espera hasta los 68, el bonus de jubilación demorada se aplica solo sobre el año que excede la edad ordinaria (por ejemplo, los 67), no sobre los cuatro años que median entre los 63 y los 67.
¿Cómo tributa la cantidad a tanto alzado de la jubilación demorada?
La cantidad a tanto alzado tributa como rendimiento del trabajo en el IRPF en el ejercicio en que se percibe. Si el tiempo transcurrido entre el inicio del retraso voluntario y el cobro de ese importe supera los dos años, puede aplicarse la reducción del 30 % prevista para rendimientos irregulares, lo que reduce la factura fiscal de forma significativa. Este aspecto es relevante especialmente para quienes retrasan la jubilación más de dos años y optan por la modalidad de pago único.
¿Qué ocurre si fallezco antes de cobrar la jubilación demorada?
Si el trabajador fallece durante el periodo de retraso voluntario, antes de haber solicitado la jubilación, los causahabientes podrán acceder a las prestaciones de muerte y supervivencia (pensión de viudedad, pensión de orfandad) que correspondan. Estas se calculan sobre la pensión teórica acumulada hasta ese momento. El incentivo por jubilación demorada pendiente no se transmite como herencia, aunque sí puede tenerse en cuenta en el cálculo de la pensión de viudedad según la normativa vigente.