¿Puede el retraso en la edad de jubilación afectar a tu esperanza de vida? Un estudio reciente de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) ha puesto cifras a una sospecha que muchos trabajadores veteranos ya intuían: obligar a seguir trabajando más allá de los 65 años no sale gratis para la salud, especialmente si tu empleo es físicamente exigente.
La llamada «generación del 62» —los nacidos a partir de 1962, primeros afectados de lleno por la reforma de pensiones de 2011— se enfrenta a una edad legal de jubilación que sube progresivamente hasta los 67 años. El informe analiza qué ocurre con la mortalidad prematura cuando se impone ese retraso forzoso y los resultados son, como mínimo, inquietantes. Te explicamos qué dice exactamente el estudio, a quién afecta más y, sobre todo, qué opciones tienes para proteger tu salud si te encuentras en esta situación.
Tabla de contenidos
Qué dice el estudio de Fedea sobre el retraso de la jubilación y la salud
El informe publicado en julio de 2026 por Fedea examina el impacto real de la reforma de pensiones de 2011 —aprobada mediante la Ley 27/2011 y publicada en el BOE— sobre la mortalidad de los trabajadores que se ven obligados a prolongar su vida laboral.
La conclusión principal es clara: el retraso en la edad de jubilación eleva la mortalidad prematura entre los hombres que desempeñan profesiones penosas o de alta exigencia física. No se trata de una correlación vaga, sino de un efecto medible que aparece con fuerza en sectores como la construcción, la industria manufacturera, la agricultura y los servicios de limpieza.
El estudio utiliza datos administrativos de la Seguridad Social cruzados con registros del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre defunciones. Al comparar cohortes de trabajadores nacidos justo antes y justo después de la fecha de corte que marca la reforma, los investigadores pueden aislar el efecto del retraso obligatorio de la jubilación sobre la salud.
Los números que preocupan
Según los datos de Fedea, entre los hombres con empleos de alta exigencia física que se vieron obligados a retrasar su jubilación, la tasa de mortalidad aumentó de forma estadísticamente significativa en los dos primeros años posteriores a la edad en la que habrían podido jubilarse bajo la legislación anterior.
Esto no significa que trabajar más tiempo sea siempre malo para la salud. De hecho, el mismo estudio señala que en profesiones de tipo administrativo, intelectual o de baja exigencia física, el retraso de la jubilación no muestra efectos negativos significativos sobre la mortalidad. En algunos casos, incluso podría tener un ligero efecto protector, probablemente vinculado al mantenimiento de la actividad mental y las relaciones sociales.
La clave, por tanto, no está en el retraso en sí mismo, sino en el tipo de trabajo que se obliga a prolongar.
La generación del 62: por qué este grupo es el más afectado por el retraso
La reforma de 2011 estableció una transición gradual de la edad de jubilación ordinaria desde los 65 hasta los 67 años. Los nacidos a partir de 1962 son la primera generación que se enfrenta al tramo final de esa subida, con edades legales de retiro que ya superan los 66 años y medio.
Pero ¿por qué les afecta más que a otros? Hay varias razones que se acumulan.
Carreras laborales más fragmentadas
Muchos trabajadores de esta generación empezaron a cotizar en los años 80, una época de altísimo desempleo juvenil en España. Eso implica lagunas de cotización que dificultan alcanzar los 38 años y 6 meses necesarios para jubilarse a los 65 en lugar de a los 67. Sin ese periodo cotizado completo, el retraso de la jubilación es obligatorio, no voluntario.
Según datos de la Seguridad Social actualizados a 2026, solo alrededor del 40% de los trabajadores que se jubilan logran acreditar esos 38 años y medio de cotización. El resto debe esperar a la edad legal completa.
Empleos más duros, cuerpos más castigados
La generación del 62 también incluye a miles de trabajadores que llevan 30 o 35 años en oficios físicamente exigentes. A los 65 o 66 años, su cuerpo no responde igual que a los 50. Problemas musculoesqueléticos, enfermedades cardiovasculares, desgaste articular y fatiga crónica son habituales en estos perfiles.
El estudio de Fedea subraya que el riesgo de mortalidad asociado al retraso se concentra precisamente en estos trabajadores. No es lo mismo pedirle a un administrativo que trabaje dos años más que exigírselo a un albañil o a una limpiadora de hospital.
La brecha de género que destapa el estudio
Un dato llamativo del informe es que el efecto negativo sobre la mortalidad se detecta de forma significativa en hombres, pero no en mujeres. Los investigadores apuntan varias hipótesis: los hombres de esta generación están sobrerrepresentados en los oficios más físicos, tienen peores hábitos de salud de partida y acuden menos al médico de forma preventiva.
Esto no significa que las mujeres no sufran consecuencias del retraso. La brecha de género en pensiones —las mujeres cobran de media un 33% menos que los hombres, según datos del INSS de 2025— implica que muchas se ven forzadas a prolongar su vida laboral no por obligación legal, sino por necesidad económica, con el estrés y el desgaste que eso conlleva.
Retraso obligatorio frente a retraso voluntario: la diferencia es crucial para tu salud
Conviene distinguir dos situaciones muy diferentes que a menudo se mezclan en el debate público.
El retraso obligatorio es el que impone la ley cuando no cumples los requisitos para jubilarte antes. No puedes elegir: o sigues trabajando, o te quedas sin ingresos y sin pensión. Es el escenario que analiza el estudio de Fedea y el que se asocia a peores resultados de salud.
El retraso voluntario —llamado oficialmente jubilación demorada— es el que elige libremente un trabajador que ya podría jubilarse pero prefiere seguir en activo. La Seguridad Social lo incentiva con un complemento económico que puede llegar al 4% adicional por cada año extra trabajado, un pago único o una combinación de ambos.
La diferencia en términos de salud es enorme. Cuando una persona decide voluntariamente seguir trabajando porque le gusta su empleo, se siente capaz y quiere mejorar su pensión, los efectos suelen ser positivos: mantiene actividad, propósito y vida social. Cuando esa misma prolongación se impone contra la voluntad de alguien que está agotado, enfermo o simplemente necesita parar, el resultado es el opuesto.
Por eso, las propuestas de «trabajar más años» que se plantean como solución universal al problema de las pensiones merecen mucho más matiz del que suelen recibir. No es lo mismo para todos.
Qué dice la legislación actual sobre jubilación y trabajos penosos
España reconoce desde hace años que ciertos trabajos son especialmente duros y deberían permitir jubilarse antes. Pero la aplicación práctica de este principio ha sido siempre limitada y desigual.
Actualmente, los coeficientes reductores de la edad de jubilación están regulados para un número reducido de profesiones. Según la normativa vigente recogida en el sistema de la Seguridad Social, pueden acceder a una jubilación anticipada por razón de la actividad:
- Trabajadores de la minería del carbón
- Personal de vuelo de trabajos aéreos
- Trabajadores ferroviarios
- Bomberos al servicio de las administraciones públicas
- Miembros del Cuerpo de la Ertzaintza
- Artistas
- Profesionales taurinos
- Algunos colectivos más específicos
¿Notas algo? La lista es muy corta. No incluye a albañiles, soldadores, limpiadores, transportistas, trabajadores agrícolas ni a la inmensa mayoría de oficios que implican un desgaste físico severo. Para estos colectivos, la única vía de jubilación antes de la edad ordinaria es la jubilación anticipada, que conlleva penalizaciones permanentes en la pensión.
El debate abierto sobre la ampliación de coeficientes reductores
Desde la aprobación de la reforma de 2023 (Real Decreto-ley 2/2023), el Gobierno se comprometió a ampliar la lista de profesiones con coeficientes reductores. Sin embargo, a mediados de 2026 ese desarrollo reglamentario sigue pendiente.
El estudio de Fedea refuerza precisamente este argumento: si el retraso forzoso de la jubilación aumenta la mortalidad en trabajos penosos, tiene todo el sentido médico y social facilitar una jubilación más temprana para esos colectivos. No es un capricho ni un privilegio, sino una cuestión de salud pública.
Cómo afecta el retraso de la jubilación a la salud: lo que dicen otros estudios
El informe de Fedea no es un caso aislado. La literatura científica internacional lleva años analizando la relación entre la edad de retiro y la salud, con resultados que coinciden en los puntos esenciales.
Un metaanálisis publicado en el Journal of Epidemiology & Community Health (2020) revisó 25 estudios de distintos países y concluyó que el efecto de la jubilación sobre la salud depende fundamentalmente de las condiciones del trabajo previo. Los trabajadores con empleos de alta demanda física o psicosocial mejoraban su salud al jubilarse, mientras que quienes tenían empleos satisfactorios no experimentaban cambios significativos o incluso empeoraban ligeramente.
Otros hallazgos relevantes de la investigación internacional:
- Estrés crónico y riesgo cardiovascular: prolongar un trabajo estresante más allá del deseo de retirarse se asocia a mayores niveles de cortisol, hipertensión y riesgo de infarto. Un estudio sueco (Karolinska Institutet, 2019) encontró que los trabajadores manuales que retrasaban su jubilación tenían un 18% más de riesgo de eventos cardiovasculares.
- Salud mental y depresión: la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que el trabajo forzoso en edades avanzadas sin apoyos adecuados puede aumentar los síntomas depresivos, especialmente cuando se combina con problemas de salud física preexistentes.
- Efecto protector de la jubilación en ciertos perfiles: en personas con empleos de alta exigencia y baja autonomía, jubilarse a la edad deseada se asocia a mejoras en calidad de sueño, reducción de consumo de medicamentos y mayor satisfacción vital.
Todos estos datos apuntan en la misma dirección que el estudio de Fedea: obligar a trabajar más no es una medida neutra. Tiene consecuencias reales sobre la salud, y esas consecuencias se reparten de forma muy desigual según el tipo de empleo y el nivel socioeconómico.
Qué puedes hacer si el retraso de la jubilación afecta a tu salud
Si te encuentras en una situación en la que tu cuerpo o tu mente te piden parar pero la legislación te obliga a seguir, hay varias opciones que conviene que conozcas. Ninguna es perfecta, pero todas merecen ser evaluadas con tu caso particular.
1. Revisa tu edad exacta de jubilación ordinaria
Lo primero es saber con precisión cuándo puedes jubilarte sin penalización. La edad de jubilación depende de tu año de nacimiento y de tus años cotizados. Puedes consultarlo en el portal Tu Seguridad Social (sede electrónica) o llamando al teléfono de información del INSS (901 16 65 65).
No asumas que tu edad de jubilación es 67 años sin más. Si tienes 38 años y 6 meses cotizados o más, podrías jubilarte a los 65. Cada caso es distinto.
2. Valora la jubilación anticipada y calcula la penalización
Si no puedes esperar a la edad ordinaria, la jubilación anticipada voluntaria permite retirarte hasta 24 meses antes, con una penalización que oscila entre el 3,26% y el 21% de la pensión, según tus años cotizados.
También existe la jubilación anticipada involuntaria (por despido, ERE u otras causas no imputables al trabajador), que permite adelantar hasta 4 años la jubilación con penalizaciones algo menores.
Antes de decidir, haz números. Calcular tu pensión con exactitud es imprescindible para tomar una decisión informada. A veces la penalización es asumible; otras veces puede significar una diferencia de 200 o 300 euros al mes de por vida.
3. Explora la incapacidad permanente si tu salud está deteriorada
Si tienes enfermedades o lesiones que te impiden desempeñar tu trabajo habitual, puedes solicitar una incapacidad permanente al INSS. Hay varios grados:
- Incapacidad permanente total: no puedes hacer tu profesión habitual, pero sí otras. La pensión es el 55% de la base reguladora (75% si tienes más de 55 años y dificultades para encontrar otro empleo).
- Incapacidad permanente absoluta: no puedes realizar ningún trabajo. Pensión del 100% de la base reguladora.
- Gran invalidez: necesitas ayuda de otra persona para actividades básicas. Pensión del 100% más un complemento.
El proceso de solicitud ante el INSS puede ser largo y a menudo requiere recurrir en vía administrativa o judicial. Un buen informe de tu médico de cabecera y de los especialistas que te traten es fundamental.
4. Negocia una adaptación de puesto o una reducción de jornada
Si tu problema no es que no puedas trabajar en absoluto, sino que el ritmo o las exigencias físicas de tu puesto actual son insostenibles, la Ley de Prevención de Riesgos Laborales obliga a tu empresa a adaptar el puesto a tu estado de salud.
En la práctica, esto puede significar un cambio a tareas menos exigentes, una reducción de la carga física o incluso el paso a un puesto administrativo dentro de la misma empresa. No siempre es viable, pero es un derecho que merece la pena explorar.
También puedes solicitar una jubilación parcial si tu empresa y tu sector lo permiten, combinando un trabajo a tiempo parcial con el cobro anticipado de una parte de la pensión.
5. Cuida tu salud de forma proactiva
Mientras sigues trabajando, invierte en tu salud como si fuera tu activo más valioso —porque lo es—:
- Acude a todas las revisiones médicas que te correspondan por edad y por riesgo laboral.
- Si notas síntomas nuevos (dolor crónico, fatiga extrema, problemas de sueño, ansiedad), no los normalices. Consulta a tu médico.
- Mantén actividad física adaptada a tu situación. Caminar, nadar o hacer ejercicios de movilidad articular puede marcar una diferencia enorme.
- Cuida tu alimentación y tus horas de descanso. El cuerpo a los 63 no se recupera igual que a los 45.
El debate de fondo: ¿retrasar la jubilación para todos o adaptar el sistema?
El estudio de Fedea pone sobre la mesa una pregunta incómoda para quienes defienden subir la edad de jubilación como solución al reto demográfico y financiero de las pensiones.
Es cierto que la esperanza de vida ha aumentado. Según el INE, un hombre de 65 años en España puede esperar vivir de media hasta los 84, y una mujer hasta los 87,5. Es cierto también que el sistema de pensiones necesita adaptarse a una realidad en la que cada vez hay más jubilados por cada trabajador en activo.
Pero los promedios esconden desigualdades brutales. La esperanza de vida de un profesional con estudios universitarios y un trabajo de oficina es, según datos del INE, entre 4 y 6 años superior a la de un trabajador manual sin cualificación. Obligar a ambos a jubilarse a la misma edad ignora una realidad que el estudio de Fedea cuantifica con precisión: el retraso forzoso no tiene el mismo coste en salud para todos.
Las alternativas que plantean los expertos pasan por:
- Ampliar los coeficientes reductores a más profesiones de alta exigencia física, como se ha prometido pero aún no se ha ejecutado.
- Vincular la edad de jubilación a los años cotizados de forma más flexible, permitiendo que quien ha empezado a trabajar a los 16 no tenga que esperar hasta los 67.
- Mejorar las políticas de salud laboral en los últimos años de carrera, con programas de transición, adaptación de puestos y apoyo psicológico.
- Reforzar la jubilación activa y la jubilación parcial como herramientas de transición gradual, en lugar del modelo actual de «todo o nada».
Conclusión
El estudio de Fedea sobre la generación del 62 confirma lo que muchos trabajadores veteranos sienten en su propio cuerpo: el retraso obligatorio de la jubilación tiene un coste real en salud, y ese coste recae sobre todo en quienes han tenido los empleos más duros. No se trata de estar en contra de trabajar, sino de exigir que el sistema sea justo y tenga en cuenta las diferencias entre oficios y trayectorias vitales.
Si estás cerca de la jubilación y el retraso te afecta, no te quedes con la duda. Consulta tu situación exacta con la Seguridad Social o el INSS, valora todas las opciones disponibles y, sobre todo, no descuides tu salud en el proceso. Tu pensión importa, pero tu bienestar importa más.
¿Quieres recibir cada semana las novedades sobre tu jubilación? Suscríbete a nuestra newsletter gratuita — cada viernes en tu correo.